Cohousing: un nuevo modelo de convivencia
20-02-2020

Cohousing: un nuevo modelo de convivencia

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La concepción de la vivienda como un espacio exclusivamente privado está cambiando hacia un escenario más colectivo en el que las zonas comunes tienen una presencia más  importante. Diferentes causas como la crisis económica, la congelación de los salarios o la especulación inmobiliaria, entre otras, han hecho aflorar nuevos proyectos de vivienda alternativos como el cohousing. La vivienda colaborativa cambia la visión de tenencia de la propiedad, pero asegura el derecho básico a una vivienda digna. 

En concreto, el cohousing responde a estas nuevas necesidades que se plantea la sociedad y ofrece al usuario un nuevo modelo de convivencia a mitad de camino entre la compra y el alquiler. La cooperativa de vivienda (formada por los socios) pasa a ser la entidad propietaria del edificio y basa su esquema de propiedad en la cesión de uso. Paralelamente, el modelo de convivencia y distribución de los espacios (públicos y privados) se decide y personaliza en cada proyecto según las preferencias de los socios. Es decir, cada grupo de usuarios decidirá de forma democrática el volumen de espacios comunes y su uso dependiendo del proyecto. 

Además del derecho de cesión uso, otra de las características principales del cohousing es la propiedad colectiva. Este deseo de vivir en comunidad responde también a una nueva necesidad social, sobre todo de la población más mayor. El denominado cohousing senior ya cuenta con muchos ejemplos reales formados por grupos de personas jubiladas o incluso amigos que se han unido en comunidades autogestionadas, para vivir una vejez acompañada pero sin renunciar a su independencia y autonomía personal. Este modelo les permite acceder a una vivienda adaptada con características que ellos han decidido desde el inicio, y en algunos casos, incluso, asistencia sociosanitaria 24 horas.


El cohousing es una realidad ya instalada en países nórdicos como Dinamarca y también en Canadá, Estados Unidos y Uruguay. En España, poco a poco se va convirtiendo en una opción factible, sobre todo en ciudades como Madrid y Barcelona en las que los precios de la vivienda están llegando a cotas inalcanzables para muchos usuarios. 

 

Proyectos exitosos

En Barcelona, Sostre Cívic junto con La Borda son dos de las cooperativas más activas y con viviendas ya en uso. Dos de estos proyectos son Princesa49, situado en el barrio del Born, cuyos socios ya llevan un año conviviendo en el edificio y La Balma, en Poblenou, cuyas viviendas se encuentran en fase de construcción. Por otro lado, La Borda, cuyos usuarios ya viven en el edificio desde finales de 2018, ha construido las viviendas en un solar que el Ayuntamiento de Barcelona ha cedido a la cooperativa durante 75 años a cambio de una cuota anual.

Este tipo de viviendas, además de plantear un escenario inmobiliario alternativo, promueven una serie de beneficios y características positivas para los usuarios. Desde iniciativas como Cohousing Spain, cuya misión es la difusión de este tipo de viviendas, aseguran que, además, la vivienda cooperativa cumple con 13 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, por lo que lo convierten en un modelo óptimo para el futuro. 

Cristina Cuesta Lerín, fundadora y CEO de Cohousing Spain, nos habla sobre la característica transversal que une a la mayoría de usuarios del modelo cohousing: “Los perfiles que se interesan por este tipo de viviendas presentan en común la conciencia de que las personas tienen que ser el motor y centro de la comunidad, y de que son necesarios una serie de valores comunes; el convencimiento de los múltiples beneficios que implica vivir en comunidad, y el deseo de socializar, compartir y cooperar para una mejor calidad de vida.”

Por tanto, unido a este perfil de usuario, el modelo cohousing recoge en su esencia una serie de características y beneficios tanto para el usuario como para la propia sociedad, que son intrínsecas al desarrollo del proyecto.
 

Precio asequible y justo

El régimen de cooperativa y la reubicación de determinados servicios individuales en espacios comunes, permite un ahorro en el precio de las viviendas, y fija esa cantidad al margen de índices inmobiliarios y del mercado. Se trata de un sistema más justo y asequible para el usuario, que accede a una propiedad de forma más igualitaria y sin especulación e invirtiendo según sus posibilidades. 

Responsabilidad medioambiental

La participación de los socios desde el principio del proyecto permite personalizar elementos estructurales e incluso elegir materiales de construcción que, aunque puedan acarrear unos costes iniciales un poco más elevados, les reportarán un ahorro y beneficios futuros de forma continua. Esto es posible gracias, entre otras cosas, a la inversión colectiva en determinados servicios que son muy difíciles de asumir individualmente (reciclaje, placas solares, agua filtrada… ). En definitiva, un edificio eficiente y sostenible conseguido a través de la personalización del proyecto.

Estabilidad y arraigo

La formación de las cooperativas puede originarse de un grupo de personas ya vinculadas anteriormente o de personas que no se conocen, pero buscan un proyecto de vida con características similares. Esto repercute directamente en la relación que este grupo tiene con el espacio y el entorno en el que se ubica el edificio. El régimen de cesión de uso posibilita esta implicación de los usuarios desde el principio, y por tanto, influye directamente en su relación con el barrio y la zona en la que se ubica. Es decir, son proyectos que otorgan estabilidad e incluso fomentan el arraigo desarrollando vínculos personales con el entorno.

Más comunidad

Hoy en día, salvo excepciones, la relación vecinal no suele ser fluida y no va más allá del saludo de ascensor. En las viviendas cooperativas los socios, ya convertidos en vecinos, ya se conocen y ese camino previo durante la realización del proyecto permite establecer relaciones que van acordes a la esencia del cohousing. En este tipo de viviendas colaborativas no se renuncia a la privacidad, si no al individualismo tan establecido en la sociedad. El espíritu de comunidad y de respeto es una máxima que se traduce en el cuidado de los espacios y las zonas comunes que todos utilizan y de las que son responsables.


En resumen, más allá de las tendencias y previsiones de futuro, el modelo de vivienda colaborativa se ha establecido y poco a poco va convirtiéndose en una opción accesible y sobre todo, real para diferentes grupos de población.
 

 

 

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