#Quedarseencasa según Eva y Esther
07-05-2020

#Quedarseencasa según Eva y Esther

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“Lo bueno de #quedarseencasa” según Eva y Esther
 

¡Bienvenido a una nueva entrega de “Lo bueno de #quedarseencasa”! Ante todo, queríamos daros un sincero GRACIAS por habernos enviado vuestra opinión y comentarios. Nos animan a seguir asomándonos a las ventanas de nuevos vecinos en busca de ideas y optimismo. Si algo nos ha enseñado el confinamiento, es que ante todo hay que pensar en los demás. Por eso en esta ocasión dos niñas nos ayudan a ver lo que parece invisible a ojos de los adultos, siempre tan racionales  y centrados en los problemas.

 

¿Quieres contarnos tu historia o enviarnos algún comentario? ¡Es muy fácil! 

Te contamos cómo al final de la entrega de esta semana.

 

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Eva tiene ocho años, y su hermana Esther, seis. Sus facciones y forma de ser son tan parecidas que a menudo sus padres las confundían entre sí. Algo que, por supuesto, jugaba a su favor. 

 

Cuando su madre les dijo que no saldrían hasta que el bicho pasara, las niñas se extrañaron.

    No os preocupéis. Nosotros tampoco podremos ir a trabajar – concluyó su madre.

    Pero… ¿qué pasa con tío Sergio y tía Ana? – dijo Eva un poco nerviosa.

    Estarán bien. Cuando esto termine, les daremos un súper abrazo — contestó su padre.

    ¡GIGANTE! — dijeron las dos riéndose.

 

Muy pronto sus padres entendieron que las niñas no estaban demasiado afectadas por la situación. Para ellas, estar juntas era lo mejor del mundo.

    ¿Se puede saber qué tramáis? — al entrar en el cuarto, su madre descubrió a Esther totalmente pintada.

    ¬Mamá, ¡soy pintora! Y Esther, mi obra de arte — contestó Eva orgullosa. Y su madre salió sin poder parar de reír.

 

Otro día, Eva vio a su padre suspirando frente al ordenador.

    ¿Qué pasa, papá? — dijo Esther abrazándolo.

    Nada, hija. El bicho quiere comerse la pizzería, ¡y dejarnos sin pizzas! — contestó su padre preocupado.

    ¡Pues que coma tiramisú! – y lo abrazó aún más fuerte.

 

El día en el que por fin pudieron salir, su madre las advirtió:

    Tesoros, vamos a salir con mascarilla.

En la calle Esther se asustó: ¿por qué no podía ver la sonrisa de los demás?

    ¡Porque ahora somos ninjas…! Así, cuando veamos al bicho… ¡¡WA-CHÚ!! — dijo Eva a su hermana haciendo de ninja.

 

Y es que los niños ven el mundo de manera más fácil y libre. Una virtud que no tiene que ver con la edad, sino con la imaginación. Un poder que muchos hemos olvidado, pero que ahora resulta imprescindible para pensar el mundo que vendrá.

 

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¿Qué te ha parecido el relato? Si te gustaría participar o enviarnos tus comentarios, escríbenos a quedarseencasa@inmocaixa.com.